La herencia de la Maharani de Jaipur

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LA INDIA | Murió hace pocos días

La disputadísima herencia de 'la reina de Jaipur'

Ratjama Gayatri Devi, la última 'reina de Jaipur', poco antes de morir. | Efe

Ratjama Gayatri Devi, la última 'reina de Jaipur', poco antes de morir. | Efe

En 1968, una princesa india se asomó a la ventana del hotel de Madrid donde disfrutaba de sus vacaciones, y se fijó en un fabuloso Mercedes 280 aparcado en la calle. Al día siguiente, su marido, el maharajá de Jaipur, le entregaba las llaves del coche junto a una rosa roja. Sin que ella lo advirtiera, él había seguido la mirada de su amada y no podía consentir que la maharani se quedara sin un capricho.

Hoy día ese Mercedes forma parte de una herencia valorada en más de 300 millones de euros; es el fabuloso legado de una mujer que tuvo una vida de cuento. Gayatri Devi, la que fue la última reina de Jaipur, murió hace pocos días en la "ciudad rosa" a los noventa años, dejando tras de sí una leyenda por escribir y un testamento todavía por leer.

Hoy, al terminar los doce días del luto oficial por su muerte, comienza la disputa por su herencia entre el estado indio y una legión de parientes y descendientes de la que fue considerada "una de las diez mujeres más bellas del mundo" según Vogue. Con la muerte en 1997 de su único hijo, son los nietos, sobrinos y demás familia más o menos lejana quienes pretenden hacerse con una parte de la fortuna.

Además, el estado indio exigirá su derecho a administrar algunas de las propiedades que formaban el patrimonio de Devi, como un palacio reconvertido en hotel de lujo con ochenta habitaciones. Lilypool, la lujosa casa de campo en la que la "maharani" pasó sus últimos años, podría convertirse en un museo dedicado a su figura.

Por el momento, los representantes del estado y de la ilustre familia han acordado retrasar la lectura del testamento, para evitar dar una imagen poco decorosa de uno de los símbolos de la realeza india. Pero la disputa legal por una de las herencias más fabulosas de la historia se adivina encarnizada.

En 1971, Indira Gandhi puso fin a los privilegios de que la antigua clase real india disfrutaba, incluso durante los tiempos de la colonización inglesa. Desde entonces, decenas de maharajás ("grandes reyes") han visto cómo se apagaba su aura semi-divina y han recurrido a la política para conservar su influencia en territorios que sus antepasados gobernaban sin oposición. En otros casos, su brillo simplemente se ha disuelto en el tiempo y se han convertido en unos ciudadanos más, si bien con recuerdos un tanto especiales.

Hoy día, una vida como la de Gayatri Devi, 'la última reina de Jaipur', ya no sería posible. En 1940, cuando contaba sólo veintiún años, ya tenía un avión privado; nueve años antes ya había abatido un leopardo en una cacería y cuando no vivía en uno de sus palacios, seguida por un ejército de quinientos criados, residía en Londres, donde mataba el aburrimiento acumulando joyas.

A lo largo y ancho de toda la India, cualquier turista tiene a su disposición por un puñado de euros habitaciones en cientos de castillos y palacios donde hace no mucho habitaban maharajás y maharanis. En algunos casos, es el propio descendiente del 'gran rey' quien ejerce de guía para el visitante. Vacíos de ornamentos y avocados a una decadencia paralela a la de los edificios, tal vez estos reyes de antaño piensen, como dijo Devi poco antes de morir, que "la vida ya no es tan glamourosa ni excitante como solía ser".

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